Steve K. Dubrow Eichel, Ph.D., ABPP (2002)

(Traducido  al castellano con autorización del autor,  por el Grupo de Trabajo de Hipnosis Psicológica del Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana; © de la traducción (2007))

El gato está fuera de la cesta

Después de muchos meses, he terminado este artículo sobre la acreditación cuestionable en la hipnosis y “la psicoterapia.”   Un reportero de una revista escribió al “Dr. Zoe D. Katze” para que participase en un artículo sobre la hipnosis para el parto.  Había localizado el nombre del Dr. Zoe en la página web de la American Association of Professional Hypnotherapists.  Tuve que decirle la verdad.

Dr. Zoe D. Katze, Ph.D., C.Ht., DAPA, es un gato. De hecho, ella es mi gata.   Aquellos que están familiarizados con el alemán probablemente ya habrán disfrutado de una buena carcajada.  “Die Katze Zoe”, se traduce literalmente como “Zoe el gato.”

Las credenciales de Dr. Katze tienen un aspecto  impresionante. Tiene certificados de tres importantes asociaciones de hipnoterapia, tras  haber cumplido sus “estrictos requisitos de formación”, y tras haber revisado a fondo sus antecedentes.   También tiene un diploma en psicoterapia de una asociación, que proclama promover el más alto grado entre los psicoterapeutas.

Me sentí motivado a conseguir la credencial de mi gato por dos razones.  En primer lugar, yo ya, cada vez más, estaba al tanto de todas las credenciales cuestionables que se daban por ahí, y me estaba cansado de parecer que me ponía a la defensiva  con clientes que van de compras de terapeutas, y que se enfrentan a mí diciéndome: “He encontrado a alguien con todas estas certificaciones y diplomas, y que cobra la mitad que los psicólogos.”

La última gota (y mi momento de inspiración) se produjo durante una búsqueda en Internet para un colega. Accidentalmente llegué a la página web de otro “psicoterapeuta”, en el que figura un doctorado de una infame fábrica de diplomas. Además de sus grados, enumera un verdadero alfabeto de sopa de letras impresionante después de su nombre, correspondientes a diversas placas de certificados, y su condición de “Diplomat [sic] y Fellow”  de la “asociación más grande del mundo de profesionales de la hipnosis. ” (Nota del traductor: Fellow suele ser un grado que se reserva para personas de alto prestigio dentro de una asociación)

Decidí conseguir las credenciales a mi gato

Fue sorprendentemente fácil de hacer.  En primer lugar, dado que muchas de las transacciones financieras se realizan con tarjeta de crédito, tuve que realizar algunas gestiones para que Zoe dispusiera de crédito.   No hubo problema; sólo le incluí como un usuario autorizado de una de mis propias tarjetas de crédito  (el agente de la tarjeta de crédito solicitó el número de la Seguridad Social de Zoe, pero luego alegremente cedió cuando le dije que tardaría tiempo en buscarlo).

El resto fue igual de fácil.  En el infame mundo de la cuasi acreditación y los diplomas fraudulentos, el dinero habla.   O al menos maúlla.  Todo lo que tenía que hacer era conseguir a Zoe su primera credencial, que lo hice rellenando una “solicitud de certificación” en una página web de una asociación de hipnosis.   Pague su tasa de solicitud, y, en unas semanas, Zoe tuvo su primer papel.  Dado que la mayoría de asociaciones de hipnosis de legos tiene un acuerdo de reciprocidad de respeto con las demás certificaciones, obtener más certificados (que suenan impresionantes)  es coser y cantar.

Zoe está certificada (o estuvo, ya que dudo que pagara las tasas de mantenimiento de la certificación) por The National Guild of Hypnotists, The American Board of Hypnotherapy, and The International Medical & Dental Hypnotherapy Association. Ella es una profesional Miembro de la American Association of Professional Hypnotherapists.

En el paso siguiente, decido poner ya el broche de oro: Certificación de Junta (Board Certification).  Puesto que a la  condición de Diplomado se le reconocegeneralmente como indicador de un alto nivel de competencia en un médico o profesional clínico, decidí solicitar el estatus de  Diplomatura  para Zoe en una organización a la que (debo reconocer) yo estuve una vez asociado. The American Psychotherapy Association (APA) fue fundada hace varios años por personas asociadas con el American College of Forensic Examiners” para el avance de la profesión de la psicoterapia.”   (El ACFE es, en sí misma, una lucha por lograr un cierto grado de legitimidad y respeto, y fue objeto de al menos un artículo muy crítico en un periódico nacional publicado por la American Bar Association.)

Dimití de la Junta Consultiva de la Asociación Americana de Psicoterapia (American Psychotherapy Association) después de tener la sensación de que estaban hablando acerca de la integridad en la acreditación, pero no de avanzar en ello.  En lo que a mí concierne Zoe D. Katze tenía que ponerle la guinda a este mal cocinadopastel.  Yo inicialmente solicité el Diploma de Zoe por Internet.   Para su acreditación, la APA (Nota del traductor: no confundir esta APA con las otras de Psicología o de Psiquiatría) escribió de nuevo para pedir un resumen o  currículum vitae antes de poderla certificarla.  (Las asociaciones legas de hipnosis no piden para ello mucho.) Yo rápidamente monté uno, que era una ventana abierta, con algunas sutiles, y no tan sutiles, pistas sobre la “verdadera” identidad de Zoe.   (Mi pista favorita: consulte su posición en el falso “Tacayllaermi Friends School”, en New Castle, DE. Juegue con la ortografía hacia atrás “Tacayllaermi” y verá lo que quiero decir.(Nota del traductor: imreallyacat: soyrealmenteungato)

También consiguió Zoe un Doctorado en Psicología de Counseling, y una Consejería M.S.  en Hipnoterapia Clínica, a través de la muy conocida venta por correo de algunas universidades.  Que yo sepa, no existen  acreditaciones regionales de cursos de postgrado de Hipnoterapia Clínica.

Por supuesto, si hubiera querido la APA, podría haber solicitado copias de las certificaciones que figuran en su C.V., y yo se las podría haber proporcionado.   No se hizo tal solicitud.  Ni en el caso de los certificados, ni de las transcripciones de las universidades a las que supuestamente asistió, ni para ninguna de las licencias para la práctica de psicología, trabajo social, o asesoría.   La APA no parece que las considerase necesarias para elevar a una persona (o un gato) a la noble condición de “Diplomate.”  Huelga decir que no se requería ningún examen (ni siquiera realizado por un veterinario).

Y en unas pocas semanas, Zoe recibido un certificado magnífico, de aspecto impresionante, que acreditaba haber cumplido los “rígidos requisitos” para su “designación como Diplomate.”   De acuerdo con la carta de aceptación de la APA recibida por Zoe, el Diplomate “se limita a un selecto grupo de profesionales que, en virtud de su amplia formación y pericia, han demostrado sus sobresalientes capacidades en lo que respecta a su especialidad.”

No está mal para un gato que no es ni siquiera de pura raza.

¿Qué significan las credenciales, en realidad?  En la mayoría de las profesiones de la salud, la credencial de base es una licencia. La psicoterapia y la hipnoterapia son actividades que son difíciles de regular.  Con pocas excepciones –un examen psicológico puede ser el único- no requieren de una capacidad para utilizar una tecnología bien definida o exclusiva (como la cirugía), o de activos tangibles (como los productos farmacéuticos).   En lugar de ello, se basan fundamentalmente o exclusivamente en la comunicación y la interacción humana.  En última instancia, así pues, estamos ante una propuesta aparentemente imposible: ¿Cómo se “licencia” una forma de interacción humana?   Las juntas de concesión de licencias han asumido en esta tarea, pero normalmente no tratan de definir o hacer cumplir ningún conjunto de comportamientos, salvo a los que se someten a la concesión de licencias. Por supuesto, hay fuertes incentivos para ser meritorio de una licencia, como son la posibilidad de acogerse a un reembolso del seguro, de determinados organismos, de servicios de atención médica, o de cargos en el Gobierno.   Pero, en general, uno se las puede arreglar sin una licencia para la práctica, sobre todo si se tienen otras fuentes de ingresos.  Algunos profesionales sin licencia han tenido un éxito espléndido, les doy las gracias; el terapeuta -sin licencia- y autor, John Gray, es uno de los principales ejemplos; el programador neurolingüístico  y orador motivacional Anthony Robbins es otro.

Y para los miles “consejeros” y “terapeutas”, con práctica privada, que se dedican a lo que es esencialmente un pequeño negocio a tiempo parcial o incluso un hobby (que no necesitan estos ingresos para sobrevivir), la concesión de licencias es en gran parte superflua -con sus  rígidos requisitos de experiencia, procedimientos de aplicación y examen laboriosos y requisitos de formación continua-, puede que quizás. incluso irritante.

En Psicología y la salud mental, la investigación sobre si la concesión de licencias realmente garantiza la competencia ha dado resultados no concluyentes.   No obstante, la concesión de licencias y la certificación son mínimamente capaces de hacer dos cosas: (1) la garantía de que una persona posee una preparación oficial de la información básica (por lo menos en el momento del examen) y comparte algo de educación/formación común además de la experiencia; (2) proporcionar un sistema de rendición de cuentas al público.

En comparación con el tratamiento conservador, rígidamente reglamentado y altamente estructurado del mundo de la medicina, la psicoterapia es el salvaje oeste de la acreditación.   Cuando un médico recibe la certificación, sus pacientes pueden estar razonablemente seguros de que su médico ha completado un curso bastante uniforme de la formación y ha pasado un examen difícil.   En la salud mental, la acreditación es mucho más variada y amorfa.  Hasta hace relativamente poco, “junta de certificación” se entiende o bien Diplomated por la American Board of Professional Psychology (ABPP) o, si es un trabajador social, por la American Board of Examiners in Clinical Social Work. Había también un pequeño número de certificados de aptitud disponibles (por ejemplo, el de counseling para  la rehabilitación, o el de orientación profesional) para aquellos que completaron los requisitos de formación básica (y, por lo general un examen) en ese área.

Pero, en mi opinión, algo que ocurrió en los años 80 y 90, es la causa directa de la proliferación de la acreditación (y pseudoacreditación) en  salud mental.   En primer lugar, la llegada de los cuidados administrados, coincidiendo con la proliferación de programas de postgrado en salud mental (especialmente en el grado de de maestría), dio lugar a crecimiento incontrolado de la oferta de profesionales mientras que la demanda se hizo cada vez más restringida.   Como resultado de ello, muchos profesionales de la salud mental comenzaron a luchar usando distintos medios (cualquier medio) para distinguirse a sí mismos de los demás, tratando de destacar de lo que se percibe como horda común.

En segundo lugar, durante los últimos 20 años se ha dado una proliferación de especialidades y “técnicas”, algunas válidas, otras un poco dudosas, y, otras, peculiares invenciones de sus creadores.   En algunos casos, especialidades como el tratamiento de los traumas, neuropsicología y psicología forense, fueron esencialmente inventadas donde no existía nada antes, debido principalmente a los avances de la ciencia, así como la práctica de la Psicología. Sin embargo, otras más dudosas credenciales se deben posiblemente también a la existencia de algo  que conduce a la elaboración de “certificados de especialistas”, de “terapeuta de energía”, de “terapeutas de abducciones de extraterrestres”, o  “terapeuta de regresión a vidas pasadas.”

¿Cuán confuso debe ser esto  para los clientes y consumidores de nuestros servicios?  ¿Y cómo es de frustrante para el médico legítimo que podría sentir su “credencial impugnada”, o incluso intimidado por el terapeuta que se anuncia a sí mismo con múltiples credenciales rimbombantes?

¿Se necesitan leyes adicionales que ayuden?  En mi opinión, probablemente no.   De hecho, no puede pensarse en una solución legislativa o jurídica que incida positivamente en la acreditación, lo que es peor, sin crear problemas.   A diferencia de la Medicina, que regularmente abarca temas inmediatos relacionados con la vida y la muerte, los médicos de salud mental suelen tratar con algo más sutil y (con la excepción de un porcentaje relativamente pequeño de las  situaciones de emergencia críticas), menos situaciones urgentes peligrosas. Como resultado, el público y nuestros legisladores tienen menos probabilidades que preocuparse por la inflada o incluso no plausible cantidad de reclamaciones formuladas por algunos terapeutas.   Además, los médicos han operado tradicionalmente en virtud de una especie de tradición libertaria.  En general aborrecemos directrices, manuales de tratamiento, o de cualquier agente externo que afirme ser capaz de juzgarnos o medir nuestras competencias.   Tampoco queremos nada más allá de amplias sugerencias cuando se trata de agentes externos que nos dicen qué constituye la “buena” frente a la “mala” terapia.   Y por una buena razón.  El comportamiento humano y la “mente” son más complicados que, por ejemplo, el hígado o un hueso roto.  Lo que es “bueno” y “malo” para la psique no es tan fácil de definir como lo que es bueno para el hígado o malo para la fíbula.  Los psicoterapeutas debemos seguir para argumentar y debatir estos asuntos, y por valorar nuestros desacuerdos.   Espero que nunca lleguemos a comprender completamente la mente y lo que es “correcto” para ella.  (Si alguna vez lo hicimos,  habríamos estado a un pequeño brinco, y saltamos fuera de una forma de fascismo psicológicamente-sancionada, que haría a la de  Orwell’s 1984 parecer una utopía Hippie.) Los que afirman conocer la verdad absoluta acerca de la psique humana tienen más probabilidades de ser demagogos y de hacer psicoterapia de culto que los líderes benevolentes modelos.

Así pues, parece que, con la posible excepción de las más atroces formas de “terapias certificadas”, estamos condenados a tolerar una amplia gama de organismos de acreditación, de la legítima a la cuestionable, e incluso las que son simples engaños. Es tarea de cada uno de nosotros examinar nuestras propias motivaciones para la obtención de credenciales (tanto legítimas como dudosas), vigilarnos a nosotros mismos y a nuestras propias profesiones, y a hacer todo lo posible para educar al público.

Sin embargo, uno tiene que preguntarse: ¿Qué valor puede tener una credencial que puede ser tan fácil de obtener para una común mascota del hogar?   Espero que el desenmascaramiento del Dr. Zoe D. Katze, Diplomado en Psicoterapia y Certified Hypnotherapist, hará que algunas personas se sientan muy, muy enojadas.   Espero que se encuentren dentro del ámbito de su ira la demanda de cambios importantes en el proceso de acreditación empleado por estas asociaciones.

La limitación de una credencial al homo sapiens sería un buen comienzo.

Zoe

National Guild of hipnotist

International Medical and Dental Hypnotherapy Association

American Board of Hypnotherapy

American Hypnotherapy Association